Soberania que Interviene

Juan 20:19 - Cuando llego la noche de aquel mismo dia, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesus, y puesto en medio, les dijo; Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor


En una ocasión, un joven conversaba con sus padres luego de estar cansado de ver a sus padres entrar constantemente a su cuarto e interrumpir las acciones que el joven cometía, ya sea que él estuviera comiendo, jugando, hablando en el celular, entre otras… Buscando solucionar tal problema, él les dice; “Desde ahora en adelante, si mi puerta está cerrada, nadie entra al cuarto hasta que me escuchen o hasta que yo mismo les abra la puerta.” Sus padres aun conociendo el peligro o consecuencias que esto pudiera tener, le dijeron; “está bien hijo, se hará tal como pides.” Al pasar los meses, el joven accidentalmente se cayó de su cama de tal manera que su cabeza golpeó el suelo, dejando al joven inconsciente. Al pasar el tiempo y sus padres no ver al joven salir, deciden tocar la puerta confiando que el hijo en algún momento abrirá, pasaron las horas y nada pasaba, he aquí no tuvieron más alternativa que abrir la puerta y al entrar encontraron al joven en el suelo, desangrado luego de haber pasado ya varias horas de la caída. Fue inevitable que dentro de tanta desesperación los padres no dijeran las siguientes palabras; “Si tan solo hubiéramos entrado aún sin su permiso, podríamos haber salvado su vida a tiempo.” Para reflexionar…. 


Primeramente, notemos una paradoja que nuestra generación suele abrazar donde el ser Noble o Caballeroso es considerado como algo bueno, pero al mismo tiempo como algo “Frágil. Se le dice en especial a los hombres que sean caballerosos con sus parejas y lleven a cabo varias acciones para demostrar su respeto hacia ellas. Sin embargo, así como se aplauden tales acciones, también se repudian ya que nuestra generación ha decidido en muchas ocasiones definir este tipo de acto como algo anticuado o exagerado. De tal manera que hay casos donde el hombre es criticado y visto como un hombre “debilucho” al realizar tales acciones. Entonces, ¿qué podemos hacer?, si no importa lo que se haga, aun así siempre habrá alguien que lo critique y otro que lo aplauda. Quizás esto parezca de poca importancia para la Iglesia, pero la realidad es que como Cristianos también hemos abrazado tal mentalidad donde pretendemos que Dios toque nuestra Puerta y sea Caballeroso, pero también pretendemos que cuando estemos en peligro El venga al rescate aun cuando le hemos cerrado la puerta toda nuestra vida. Pretendemos que Dios sea Respetuoso con nuestras decisiones y toque la Puerta, más cuando cometemos errores culpamos a Dios por no haber intervenido sin nuestro permiso. Que ironía, cuando nos conviene, queremos que Dios entre, pero cuando Él quiere entrar, decidimos ser los dueños de nuestras Puertas, olvidando Su Soberanía la cual puede con mucho más que una simple Puerta


Reflexionando en tal paradoja y la porción de base, podemos transportarnos a aquel momento donde los discípulos se encontraban en desesperación luego de ver y escuchar que Su Maestro había sido crucificado. Es fácil criticar la acción de estos hombres pero debemos meditar en cómo se deben haber sentido, eran tiempos difíciles, había opresión gubernamental, económica, cultural, y sobre todo en lo espiritual. Jesus, el Rabí que les había enseñado acerca del Reino de Dios y Su Justicia, principios de la vida con perspectiva Celestial, el método correcto de orar y buscar a Dios, como tratar al prójimo, entre tantas otras enseñanzas…. ya no estaba a su lado. Era una transición difícil de procesar y peor aún, al momento aún no entendían lo sucedido en la Cruz, pues lo veían como una Derrota en vez de una Victoria. Como Iglesia, cuántas veces no hemos estado bajo circunstancias similares? Claro está, la crucifixión no volverá a ocurrir pero si hemos sentido momentos donde no entendemos lo que Dios hace, o sentimos que nos ha abandonado, nos sentimos perseguidos por este mundo y sobre todo, esto produce un “Miedo” el cual es muy difícil superar. Este “Miedo” puede causar varios efectos en nuestra vida, y uno de ellos lo vemos en la acción de los discípulos al cerrar la puerta del lugar donde estaban reunidos, de tal manera que no querían que nadie entrara. La Biblia enfatiza que temían a los judios, pues recordemos los tiempos de persecución hacia cada seguidor de Jesus, temían que al ser Discípulos de Jesus ellos también fueran condenados en alguna manera. Definitivamente aun no entendían lo glorioso que es servir a Cristo, pero también morir por Él. ¿A qué le tememos hoy día? Si Cristo está con nosotros, quién contra nosotros.? Mayor aún, si recordamos el consejo de Pablo podemos hallar regocijo ante la tormenta, Pablo decía “el morir en Cristo es Ganancia.” Es menester meditar en las tantas razones por las cuales nuestra Puerta puede estar cerrada, unos viven atemorizados, otros confundidos, otros en espera de algo grande, sin percatarnos de que El Más Grande de Todos está al otro de la Puerta. Aun ante gran Temor, recordemos que el Maestro sigue estando al otro lado de la Puerta, pero también deseando entrar por la Puerta


Ahora bien, si Dios está al otro lado de la Puerta y el tocare la Puerta, esto requiere tanto una acción de parte de Dios, como también de parte de nosotros. La porción, dice que Jesus viendo y sabiendo que la Puerta de los Discípulos estaba cerrada, Él decidió entrar a través de la misma. El no pidió permiso en esta ocasión, simplemente entró y luego brindó aliento al pronunciar las palabras de “Paz a vosotros.” Quizás pareciera que Dios no fue un Caballero, que rompió la regla del libre albedrío, entre tantas otras…. Sin embargo, hay una razón específica por la cual Dios no tocó la puerta en esta ocasión, Dios conocía el “Miedo” que había en ellos, Dios sabía que por más que El tocara, NADIE le abriría la puerta. Por lo tanto, en esta ocasión, no solo se manifestó El Amor de Dios, sino también Su Soberanía. Dios tenía que llegar a ellos, para explicarles que El aun estaba con ellos, tenía que darles enseñanzas finales antes de su Ascensión, tenía que evidenciar la resurrección, y si esto requería una Intervención de Dios, pues Él Intervendrá como sea necesario. Dios es un Caballero, pero también es Soberano, hay ocasiones donde El tocará nuestra Puerta, pero también habrá momentos donde Su Soberanía provocará una Intervención. Dios es Amor para Tocar la Puerta, pero Él también es Todopoderoso para Atrevasarla cuando la ocasión lo amerite. 


Como Iglesia, estemos atentos para escuchar y responder a Su Tocar de nuestra Puerta, pero también estemos dispuestos a Apreciar cuando Dios Atraviesa nuestra Puerta e Interviene en nuestras vidas. La Iglesia necesita el Amor de Dios, pero también su Soberanía


"Dios es un Caballero, pero también es Soberano, hay ocasiones donde El tocará nuestra Puerta, pero también habrá momentos donde Su Soberanía provocará una Intervención"


Autor: Jorge Colón

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2.07.2025